jueves, 16 de mayo de 2019

La Salamandra y el Tambor


Nota: Se recomienda tener a mano un tambor para leer este cuento poema. También pueden servir una silla, un cubo, una caja de zapatos, o cualquier superficie lisa para palmear.


La Salamandra baila al ritmo del Tambor,
con su cuerpo de agua,
la Salamandra baila…Tum Tam Tammm..

Con su piel moteada,
y sus diminutos ojos de sueño y letargo,
la Salamandra baila.

A la Salamandra le gusta el canto del Tambor.
Al Tambor, el baile de la Salamandra...Tam Tam Taaa Tam... Tam Tum..

Manchas púrpuras laten al compás
de las ondas que emite el Tambor,
como serpentinas en una balanza…Tam Tam Tem... Tam Tam Tum...

La música se expande, plateada y púrpura, la música se expande.

El Tambor vacila, la Salamandra se para.
El Tambor descansa, la Salamandra aguarda.
Schsss... Silencio, solo se oye el crepitar de los álamos.

El Tambor retoma su canto, la Salamandra su danza.
Tem Tam Tem Tem Tam... Tem Tem...
Una cabeza en movimiento
en un cuerpo quieto de Salamandra.

Al Tambor le acompaña una Voz,
La Voz a la que el Tambor habla.
Tom Tom Tem... Tom Tom Tom Temmmm.... Tum Tom Tum Temmm

La Salamandra se acerca,
en las cavernas del ritmo,
la Salamandra se acerca.
Las estrellas cubren el cielo,
y la Luna se une a la danza.


La Salamandra se mueve al ritmo del Tambor.
La Sombra de la Salamandra también baila.
Ahora la Salamandra ya está en el corazón del tambor;
y el Tambor en el corazón de la Salamandra.

El Fuego aparece de la tierra, del árbol, del viento.
La Salamandra se une a su espíritu elemental.
El Fuego se funde en la cadencia, la eleva hasta el cielo.
La Salamandra, el Fuego, el Tambor y la Sombra de la Salamandra bailan.
Tlom Tom Tlommm Tumm Tlumm Tommm.....

El bosque huele a incienso, romero y tomillo, pino y vapor.
¡Chispas, cascabeles y sombras!

El Tambor anima a la Salamandra,
la Salamandra responde al canto del Tambor.
El humo los envuelve y comunica...Tam Tam Tam Tam Tim...

La Salamandra invita a otras Salamandras que se acercan.
Avanzan y retroceden, retroceden y avanzan,
pero se acercan…Tum Tam Tlem... Tam Tum Tam…

Ronda de Salamandras.
Llegan desde el río, desde el río llegan girando,
dejando el rastro de la espiral en el barro.
Tam Tam Tem... Tem Tam Tum...

El Tambor retumba, llama, convoca.
Al baile de la Salamandra se unen sus primos,
gitanos de bronquios y sangre fría que acuden formando círculos.
¡Y el Fuego descubre sus sombras!
Tam Tam Tem...

Lagartijas sin cola, Gallipatos y Samarugos,
Camaleones de colores maleables…Tam Tam Tem...
Salamanquesas Blancas de cal y verano… Tam Tam Tum...
Lagartos con gorra, Renacuajos y Zapateros sin remilgo.

¡Todos se unen al baile de la Salamandra!
Es el gran baile, la gran fiesta ¡La Gran Charanga!

Las Sombras se alargan y los Árboles también bailan.
Bailan la Luna, las Estrellas y la Voz que acompaña al Tambor.
La Voz que sabe y baila.

En comparsa, la Tierra tiembla y se endulza.
Las Estrellas se convierten en motas púrpuras
y la piel de la Salamandra se llena de luz estrellada
Un caos de luz, un caos de quieta luz que todo lo cubre.

Hasta el amanecer,
la Salamandra baila al ritmo del Tambor,
el Tambor al ritmo de la Salamandra... …Tumm… Temm…Temm…Tamm...

lunes, 13 de mayo de 2019

Y de nuevo, primavera


Había una vez en un reino muy lejano una Reina y una Princesita. La Reina se llamaba Espuma Blanca, y la princesa, Rayo Incesante. Una mañana, la Reina y la Princesa salieron a cabalgar por el bosque en busca de una sombra donde almorzar. La hallaron junto a un río. Se acomodaron bajo un inmenso castaño y abrieron el morral del almuerzo. Extendieron un paño sobre la fresca hierba y colocaron dos platos, dos vasos y montones de suculencias que la Reina madre había preparado.

En silencio llenaron sus estómagos, y también en silencio se echaron a descansar bajo la sombra del castaño, sobre la fresca hierba. La princesita apoyó su cabeza sobre el vientre de la madre, que le acariciaba el pelo con los ojos entrecerrados. Rayo Incesante no tenía sueño y tumbada con los ojos al cielo, seguía con la mirada el baile de las hojas mecidas por la brisa. De pronto, una de las hojas se desprendió de la rama y aterrizó en el suelo. Rayo Incesante se incorporó para recoger la hoja. Sosteniéndola entre sus dedos, la observaba pensativa, batiéndola de un lado a otro.




   ¿Por qué se caen las hojas de los árboles? — le preguntó a la Reina Espuma Blanca.

La Reina se sentía somnolienta, pero nunca dejaba una pregunta sin responder a su hijita, más que nada porque la conocía bien y sabía que Rayo Incesante no cesaría de preguntar hasta obtener una respuesta.

   Se ha secado y debe marcharse para dar paso a otra nueva hoja — respondió Espuma Blanca manteniendo los ojos cerrados.

   Y entonces… ¿Qué pasará ahora con esta hoja seca? — preguntó la princesa no muy conforme con cómo esa respuesta afectaba a la hoja que sostenía.

   Servirá de alimento a la tierra, que a su vez alimentará al árbol para que salgan otras hojas.

Rayo Incesante se quedó algo más satisfecha con esa nueva respuesta. Depositó la hoja seca a los pies del árbol y la cubrió de tierra casi por entera. Luego miró hacia arriba, siguiendo el camino del tronco del árbol hasta el fondo azul.

   Puestos a elegir, prefiero ser árbol a ser hoja. Me dan pena las pobres hojas que mueren.

A la Reina madre le hizo gracia la ocurrencia de Rayo Incesante.

   Pero si es lo mismo— le aclaró Espuma Blanca.

   No es lo mismo — protestó Rayo Incesante— Un árbol dura mucho más tiempo, las hojas no duran nada.

Espuma Blanca abrió los ojos y miró a su hija.

   Rayito, ¿es que no ves? — le preguntó mirando hacia las ramas del árbol que la cubrían— Mientras haya árbol, habrá hojas, mientras haya hojas, habrá árbol.

   Pero entonces… si son la misma cosa, con esta hoja que ha muerto, ¿ha muerto también una parte del árbol?

   De alguna forma, sí — contestó la Reina Madre—La hoja ha muerto para volver a nacer en una nueva hoja.

Rayo Incesante siguió pensando.

   Y entonces, en otoño, ¿cuando el árbol pierda todas sus hojas es que habrá muerto del todo?

Espuma Blanca volvió a reír, qué podía hacer ante una niña tan preguntona que además era su hija.

   Digamos que en invierno no está tan vivo como lo está en verano. Es como los animales que hibernan. Se recogen en invierno para no gastar energía y luego vuelven a salir en primavera. La muerte no se da solo al final de la vida. Mientras estamos vivos, morimos muchas veces, para volver a renacer de otra forma.

   ¿A qué te refieres? ¿Yo me estoy muriendo ahora? ¿Te estás muriendo tú? — preguntó Rayo Incesante con preocupación.

  Claro que sí, morimos  a cada momento, y a cada momento nacemos. ¿Te acuerdas cuando mi pelo era castaño como el color de ese tronco?

Rayo Incesante asintió con la cabeza, hacía poco que a su madre le habían empezado a crecer algunos cabellos del color de la nieve.

   ¿Y tus dientes, los que ahora tienes? ¿Crees que vas a tener esos dientes tan pequeños toda la vida?

   Noooo— se sulfuró Rayo Incesante — espero que me crezcan otros más grandes cuando sea mayor.

   Lo harán, y más pronto de lo que crees. Se te caerán los dientes pequeños, y te nacerán otros más grandes, ¿comprendes ahora?

   Creo que sí.



Rayo Incesante se quedó mirando el río, Espuma Blanca volvió a cerrar los ojos de nuevo. La princesa se levantó y se dirigió al río. Hundió sus manos en él y se quedó un rato complaciéndose del agua que le refrescaba. Sintió la fuerza de la corriente y vio cómo algunas hojas y palitos eran arrastrados por el río corriente abajo. Se levantó de un salto y gritó:

   ¡Madre!

Espuma Blanca se incorporó sobresaltada, no había forma de acostumbrarse a los impulsos vigorosos de Rayo Incesante.

   ¿Qué ocurre ahora, hija mía? — preguntó algo molesta por la brusca interrupción.

   ¡Mira el río! ¡No para! ¡No se está quieto! ¿Por qué no se para nunca el río?

   No puede quedarse quieto porque la fuerza del mar lo llama -contestó la madre recostándose de nuevo-­ El río quiere llegar al mar para fundirse con él y volverse inmenso. Además a su paso sabe que tiene que alimentar a todas las criaturas del bosque.

   Entonces… ¿Un río nunca puede morir?

   Nunca. 

   Pero si se seca...¿este río puede secarse?

La reina miró a su alrededor, a los tupidos bosques, y las altas montañas cubiertas de nieves perpetuas.

   No es probable. Al menos, no por mucho tiempo.

Comenzaba a declinar el sol. Espuma Blanca y Rayo Incesante recogieron los restos del almuerzo, y guardaron los dos platos, los dos vasos y el paño en el morral. Montaron sobre sus caballos y partieron en dirección al Castillo. Rayo Incesante parecía obnubilada y algo distraída, a Espuma Blanca no se le pasó por alto que en su expresión había cierto velo de tristeza.

   ¿Qué ocurre? ¿En qué piensas, Rayo Incesante?

   Pensaba en cuando tú y yo dejemos de morir y renacer con el pelo y con los dientes ¿Qué pasará entonces? ¿te morirás un día del todo? ¿me moriré yo un día del todo?

   Algunos creen que sí, Rayito. Y otros creen que no, que “nunca se muere del todo”, como tú dices.

   ¿Y tú qué crees?

   Yo soy de las creen en los ríos que nunca se secan. Porque aunque deje de correr agua por ellos, seguirían vivos en el mar — contestó Espuma Blanca guiñándole un ojo a Rayo Incesante.

    ¿Eso quiere decir que si yo no estoy, o tú no estás, será como si estuviésemos?

   Eso mismo. Quiere  decir que estemos donde estemos en nuestro corazón hay un río que nunca se seca y que corre incesante hacia el corazón del otro.

   Para fundirse con el mar.

   Y más allá — contestó Espuma Blanca— porque un amor infinito es más grande que el mar.

   ¿Y más grande que la luna?

   Y que el sol.

   ¿Y las estrellas todas juntas?

   Y de todos los planetas.

   ¿Y un amor infinito nunca se acaba?

   Un amor infinito se queda siempre en el corazón. Va donde tú vayas, nunca se acaba y es para siempre.

La princesa sonrió y se irguió en la montura, recuperando el semblante alegre que casi siempre le acompañaba. Con los sentidos bien abiertos, inspiró hondo y le dijo a su madre:

   Yo también creo igual, Espuma Blanca. Se me hace imposible imaginarlo de otro modo. ¡Qué tontería sería pensar que solo porque una de las dos no esté nuestro amor se fuera a acabar!

   Sí, sería una tontería tan solo pensarlo. Una tontería colosal.



Avanzaron al paso con las sonrisas puestas un rato, hasta que Rayo Incesante miró de reojo a Espuma Blanca y le confesó:

   De todas formas, ¿sabes lo que más me gusta?

   ¿El qué?

Rayo Incesante arrimó su yegua hacia la de Espuma Blanca y le extendió la mano, que Espuma Blanca se la tomó mientras ambas cabalgaban.

   Que las dos estemos aquí y que pueda sentir el río fluir en mi corazón mientras me coges de la mano.

   Ciertamente, Rayo Incesante, eso sí que es hermoso — respondió Espuma Blanca.

   ¡Corramos pues para celebrarlo!

   ¡Sí, corramos! — le secundó Espuma Blanca.

Y tras un apretón de manos, ambas se soltaron para agarrarse a sus cabalgaduras y salir a galope tendido por el valle hasta el castillo, mientras aullaban y gritaban de felicidad.

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Felices neuropéptidos


Hay personas a las que la realidad que les rodea le es favorable y no necesitan recurrir a la imaginación para sobrevivir. Otras, cuya realidad es triste y que sin apelar a la imaginación, van sucumbiendo a su propio entorno y muriendo poco a poco.

Y hay gentes capaces de cambiar la realidad a su antojo. Se tumban boca arriba sobre el agua, bajo un cielo gris encapotado, y ven cruzar bandadas de ibis sagrados, aves del paraíso, guacamayos de plumajes iridiscentes, nectarinas malaquitas de cresta roja, cacatúas blancas resplandecientes, quetzales que dejan la estela de su paso ondeando las plumas de su cola.



Y el cielo sigue encapotado, pero sus miradas brillan como faros en la tormenta.

Son estas mismas personas las que viven los sueños en la realidad, o las que transforman su realidad en un sueño. Las que tras una profunda confusión, despiertan dentro del sueño para saberse despiertos, y volver a despertar dentro de ese mismo sueño; y ya no confundirse más, porque entre vigilia y sueño, asienten con Segismundo, y con su padre Calderón, que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.

La realidad limitadora no es más que un velo sutil de una araña traicionera, pícara de inmortal belleza, que se ríe con descaro por vernos enmarañados en su prodigioso tapiz. Cierto es que los contrarios abundan en esta vida, que la alegría y el llanto pujan por la misma salida. No es más cierto uno que otro, tanto monta, monta tanto… y si lo ves con los ojos claros de un alba nueva, el enredo que lamentas, la miseria que se adhiere como liana a la planta de tus pies, todo queda reducido a una fiesta singular, un jolgorio, un aplazar, un salirse de esa danza macabra que es la existencia cuando se mira desde un único ángulo.

El que imagina, sobrevive. La imaginación no es una fórmula de supervivencia basada en el escapismo o la huida. Es una fórmula inteligente de supervivencia, que bien planteada y dirigida, consigue reponernos de la adversidad y transformarla en una circunstancia favorable.

Neuropéptidos, los emisarios del alma, los comunicadores entre la mente y el cuerpo, los hacedores de nuevas realidades.


viernes, 9 de marzo de 2018

Siempre contigo




Tu ser precioso dejó de latir y se abrió una brecha que marcó un antes y un después en mi existencia. Dejé atrás una dimensión de nebulosas, para entrar en otra más nítida y auténtica. Ya no había tiempo para seguir impulsos caprichosos, ni para ser una inconsciente, o meter la pata por no prestar atención a los detalles y a lo importante. No estabas tú, y tu ausencia, sellaba un importante compromiso de vida conmigo misma y contigo. Hasta ese momento, es como si no hubiera sido plenamente consciente de la vida y su valor. Y cuando me falta tu preciosa vida junto a la mía, es cuando empiezo a entender.

Y ahora, trato de vivir de acuerdo con todo lo que me enseñaste, sin desperdiciar nada, a sabiendas que hay un sentido en todo, el sentido que una le da. Y trato de vivir cada momento para que te sientas contenta de mí. Me hubiese gustado hacerlo antes, qué duda cabe, para que te beneficiases, para devolverte, ni que fuera un pitufo, de todos los panes que recibí de ti;  pero siempre fui lenta en aprender, ya sabes; y puesto que no lo hice, lo hago ahora y te lo dedico cada día. Además, eso también me lo enseñaste, no sirve de nada lamentarse. Mejor, enmendar si se puede, y continuar; que la vida sigue.

No deja de admirarme de ti cómo podías encarnar tantos valores juntos, y cada uno de ellos a tan alto nivel.  Cómo podía darse tanta calidad en tanta cantidad. Porque lo normal es que uno puede ser bueno, generoso, o puede brillar por su paciencia, por llevar una vida intachable, ser coherente y vivir de acuerdo con sus principios, uno puede ser entusiasta, muy amigo de sus amigos, o muy valiente, perseverante… pero, ¿todo junto? Eso es muy difícil de encontrar. Creo que ni tú misma lo sabías, la magnitud, el alcance de la gran persona que eras. Nos dejaste el listón muy alto, mamá. A todos, muy alto. Y es maravilloso porque creo que es un regalo poder vivir con la memoria de personas tan inspiradoras. Al menos, para mí, mi mejor regalo el tenerte, y que sé que conservaré por siempre. Es alentador, llevarte viva en mí, me da fuerza y energía.

La humanidad que aprendí de ti. Gracias por enseñarme  a respetar al otro, por tu forma de respetar y tratar a las personas. Gracias por enseñarme dignidad, por tu forma de enfrentar la vida, de tratarte, y tratarnos a nosotras, tus hijas.  Y gracias por enseñármelo todo a tu estilo, el de la acción, con el ejemplo. Que como bien decías: “Obras son amores que no buenas razones”; y qué bien se te daba a ti la práctica de este refrán. Con letras de oro te lo ganaste.

Ahora siempre estoy alerta, con los ojos bien abiertos, para que no se me escape ni media. Para vivir cada paso de un modo consciente. Para quererme más, como tú me querías, con todo ese amor de verdad. Porque tu amor me ha hecho ser mejor persona, de eso no me cabe la menor duda. Tu amor me salva.

Dicen por ahí, no hagas las cosas por los otros, hazlas por ti. Y digo yo, mucho de lo que hago, lo hago por ti, para ti, porque te quiero más que a mí misma. Y aunque lo que hago, redunda en mi bien, me beneficia y es bueno, mi inspiración eres tú. Lo hago porque sé que te haría feliz que lo hiciera. Por eso lo hago. Así que gracias, una vez más, mamá, porque al ser como eres, me haces a mí mejor. Esas cualidades de las que te hablaba, tan profundas y firmemente arraigadas, que revolotean con toda su belleza dentro de mí y a mi alrededor, impregnadas de ti. Las personas grandes nunca se van del todo. El halo que dejan permanece, no se extingue ni se apaga. Tu interior estable, tu sosiego, y ese cariño tan grande que te salía por los poros cada vez que nos veías, a mi hermana y a mí, a tus hijas. Que es que era un gusto recogerse junto a ti, dejarse caer con total confianza, siendo plenamente quien se es, porque  plenamente nos amabas y aceptabas. 

Siempre te estaré agradecida por haberme mostrado los caminos para un mejor vivir. El camino del valor y el coraje. Gracias por haberme enseñado a decir siempre la verdad, a no coger lo que no me ha sido dado, a luchar por los sueños de una, a ser honesta con lo que se siente y se piensa. Tu generosidad con todos, tu bondad sin fin.  Y esa fuerza de voluntad, la que te abría caminos, y nos los abría al resto. Nada perezosa, siempre activa. Cuánto me queda por aprender de ti. Qué buena referente en mi vida. No me queda más que ir paso a paso, como tú hacías. Con tu perseverancia, para conseguir con  el esfuerzo recto, con tu trabajo y paciencia todo lo bueno que te propusieras.

Tu confianza en el bien te hacía siempre ir hacia adelante, nunca quedarte atrás, ni hundirte, siempre adelante, con lo que fuera, y tu sonrisa. Aunque cómo no confiar si tú eras el bien, tú eras la luz que se abría paso en la tiniebla. Por muy confusa y oscura que ésta fuera.

Con un corazón así, cómo no, el sentido social y de la justicia, la acción limpia, la conducta correcta. Eso sí, siempre compasiva con los errores del otro. Y es que la humildad era algo natural en ti, y eso te hacía aún más grande. Tu escucha calma, tu percepción amplia de las cosas y de la vida, tu carácter reflexivo, tus opiniones acertadas, tus puntos de vista, claros y sencillos.  Cómo echo de menos esos puntos de vista. Eras una mujer sabia, con una mente práctica y sabia.  

Y tu constante dar. Te gustaba cuidar de todo y de todos. Tus seres queridos, el planeta, la calle donde vivías, el jardín, tu casa, la ropa. A todo le dabas su justo valor, pero todo tenía un valor. Compasiva y solidaria como el agua, como el aire, como la tierra; que no se gasta, que al contrario, que con cada gesto de amor, se agranda más. Tus ganas de hacernos felices, tus ganas de ser feliz.

Inmensa como un cielo, como un mar. Inspiro y me falta el aire al recordar la talla de persona que eres. No te puedo abarcar, y me hace sonreír de alegría.

Qué suerte tan grande la mía, qué inmensa suerte que justo fueras tú.

P.D.: te amo.

viernes, 9 de febrero de 2018

Cuaderno de imperfecciones. Imperfección 4

Qué imperfecto el tiempo medido cuando lo empleamos de forma desmedida.

Vivimos tan limitados por el concepto tiempo que nos cuesta experimentarnos fuera de él. Nos hemos acostumbrado a medir cada segundo de nuestra vida. Le hemos atribuido al tiempo una cualidad de machete de la existencia. Y cuando nos vemos inmersos en una experiencia atemporal, nos sentimos raros al romperse el hechizo y salir de ella. Nos queda cierta sensación de angustia, como de haber perdido el tiempo por haber estado más allá de él.

Aprisionamos el tiempo en un aparato minúsculo al que le hemos otorgado un poder inconmensurable. Y ahí está, con su tic-tac, devorándolo todo cual hombrecillo gris salido de las páginas de Momo. Con su cadencia restrictiva, con su latido de segundos. Y uno más, y ahí va otro, y pesa. Se hace denso como la más densa de las materias.



El contrasentido del tiempo, lo que más apreciamos de la vida y lo que más sentido le quita al sentir que nos falta.

Olvidamos que el no tiempo también existe. Lo relegamos a un lugar que visitamos en menos ocasiones de las que nos vendría bien.

Trascender el tiempo, romper el yugo, liberarse de su esclavitud. Instalarse en un presente continuo más a menudo, con una conciencia plena y alerta. En ese “ahora” que es el único tiempo que está fuera del tiempo. Sin referencias de pasado ni de futuro, sin un principio ni un fin.


jueves, 11 de enero de 2018

¿Qué estará mirando Selva?

 Apostada en el alféizar de la ventana del estudio o en el del baño. Recostada en el poyete del ventanal del salón, o alerta sobre la mesilla de noche frente a la ventana del dormitorio.



Dale una ventana a Selva y tendrás a una gata hierática esperando la llegada de las naves de Ulises. Minutos eternos mirando a lontananza, escudriñando los misterios del más allá.

Y yo me pregunto, qué estará mirando Selva.
Por mucho que mire, no consigo ver lo que ella ve.
Por más atención que preste, no acierto a oír ni el más leve chasquido del sinfín de sonidos que ella percibe.

Mi gata husmea el aire y alza la cabeza, intercepta olores que ni siquiera imagino, ¿será un banco de peces dirigiéndose a África? ¿El gato gris que acaba de cruzar la calle, o un nuevo perro residente en el vecindario?

Mueve las orejas de forma extraña. La derecha la inclina ligeramente hacia delante, el pabellón izquierdo lo gira de forma casi imperceptible hacia atrás. La mirada clavada en un punto fijo. Trato de imaginar el rabo de una lagartija que, de un latigazo, ha hecho crujir una hoja seca de hiedra al fondo del jardín, o puede que sea una lombriz abriéndose paso bajo tierra.
Quién sabe.



Mi gata y yo vivimos realidades distintas, y a mí se me escapa la suya.

Sin lograr descifrar ninguna de las cuestiones que me intrigan, vuelvo a la lectura de mi libro, y me conformo con la esfinge de su compañía.

La dejo allí, en su mundo. Un mundo que se sucede en el mismo tiempo y espacio que el mío y que, sin embargo, se presenta tan sutil, tan ajeno y desconocido.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Bocetando en el Caminito del Rey


Conocer el movimiento Sketching como estilo de dibujo hace dos años fue tan revelador como cuando descubrí la técnica de escritura automática hace algunos más.

Aunque ciertos grupos de Urban Sketching siguen unos postulados muy concretos, lo que más me interesa aquí es la esencia de la propuesta. Se trata de dibujar en plan boceto, bosquejo o apunte, y aplicarlo como una técnica en sí misma. Dibujar in situ, al natural, dejándote llevar por la imagen o el paisaje que te inspira y eliges retratar.





Primer cañón. Desfiladero Gaitanejo.

Como en la escritura automática, sobreescritura o fluir de conciencia, uno deja a un lado al censor interior; entre otras cosas, porque no hay tiempo para atenderle. La acción es lo único que cuenta, y cuanto más rápida, mejor. No vale pensar, ni detenerse a observar lo que se está haciendo, y mucho menos, planificar el cómo hacerlo. Se trata de conectar con el lado derecho del cerebro, y darle salida con total libertad y espontaneidad o, al menos, la mayor que uno pueda permitirse.

Lo que más me apasiona de crear es el proceso creativo en sí mismo. Más que el resultado, la construcción de la obra. El impulso, la llamada insistente que surge desde ese lugar incierto y profundo que nos lleva a abrir el ordenador y a teclear con frenesí, o a coger un lápiz, un lienzo y pinturas, o lo que cada uno prefiera. 

Vivir lo que podríamos llamar el arrebato creativo. Conectar con esa fuerza primitiva que es la creación y bailar con ella es una de las experiencias más excitantes del acto de crear. Al menos, en mi caso, es cuando más viva me siento. Creación en estado puro.





Segundo cañón. El Tajo de las Palomas. El Valle del Hoyo. Buitres leonados.

Rendirse a la experiencia vital de navegar con el hemisferio derecho del cerebro, disfrutar de esas corrientes de aire, de esos rápidos, de esos saltos que se generan, permitiendo que la energía circule sin oponer resistencia. 

Dibujar sin ser meticulosa, dejando que el cuerpo respire y respirando con el cuerpo. Dibujar como quien canta porque le gusta cantar, sin detenerse a pensar si lo hace bien o lo hace mal. Lo hace por el placer de hacerlo y ya.

Soy una gran defensora del “sé feliz creando”, del disfrutar mientras sucede, y dejar que suceda de verdad. No siempre es fácil. A veces, nuestra mente genera obstáculos, creencias falsas que, lejos de ayudarnos en el proceso, nos limitan y estancan. El Sketching puede ser un buen recurso para soltarse a dibujar, igual que la escritura automática para ponerse a escribir.

Ya habrá tiempo después de pulir, dar forma, corregir y todo lo demás. Dar paso al hemisferio izquierdo y dejar que actúe con todas sus magníficas funciones y habilidades. Lo que ocurre es que, en muchas ocasiones, el izquierdo se quiere hacer con la hegemonía del proceso creativo desde el principio, y es entonces cuando vamos mal.




Cierto es que en algunas manifestaciones artísticas es más fácil corregir que en otras. En la escritura, tantas veces como uno quiera (lo que puede convertirse en un problema, si eres un obsesivo del lenguaje). En el dibujo es otra cosa. Puedes modificar, cambiar algo, pero si te pasas borrando, más vale empezar uno nuevo.

Por eso, vuelvo al estilo Sketching, porque plantea el dibujo manteniendo su naturaleza original, sin interferencias academicistas, sin necesidad de plantearse grandes retos técnicos ni generar expectativas. Tal vez, si los sketchers profesionales me leyeran discreparían de lo que pienso. Tal vez, defenderían su arte como algo que “parece” fácil; pero no lo es. Está claro que no. De hecho, considero que supone un reto mayor que dibujar de forma planificada, requiere mucho coraje y valor. A veces, cuando recorro museos y se exponen junto a las obras pictóricas consagradas los bosquejos previos que hicieron los artistas, advierto en los bocetos algo que en cierta medida se pierde en la obra final. Ese trazo puro, incontaminado. Una suerte de espontaneidad, de fuerza vital y primigenia, que solo en el boceto se capta con todo su esplendor y pureza.

Cada momento tiene su afán, como dice un amigo. Seguiremos dibujando con un “estilo” más estudiado y analítico cuando lo requieran ciertos planteamientos estéticos; pero también, seguiremos soltándonos la melena cada vez que surja el impulso, y tengamos el nervio y las ganas de seguirlo.







Tercer cañón. Desfiladero de los Gaitanes. Puente colgante. Pasarela de salida.