viernes, 22 de marzo de 2013

Bienvenida, Primavera


Con los brazos abiertos te recibo, ante ti me inclino y te saludo de corazón.

Pueda el mundo acompañarte como mereces, 
viendo con claridad la belleza de la que nos rodeas 
y la que surge a cada instante en el interior.

Bienvenida, Primavera, que tengas un dulce despertar,
 entra, pasa, quédate a desayunar.



domingo, 10 de marzo de 2013

Un paseo entre las nubes


Cuentos que trajo el viento vio la luz por primera vez en la ciudad de Santiago de Chile, en mayo del 2012. El viento se llevó estos cuentos al otro lado del Atlántico, y el viento los trajo de vuelta en forma de libro, en esta preciosa edición publicada por la editorial chilena MN.



Tuvo que pasar todo un verano y un otoño para que los libros llegaran al litoral malagueño.Por fin llegaron para Navidad, justo a tiempo para compartirlo con mi familia y amigos antes de que finalizase el año en el que fue publicado. 

El 27 de diciembre fue el día en el que el libro echó a volar por los cielos del sur, en una tarde de firma celebrada en la librería Luces de Málaga; donde el libro fue acogido con todo el cariño de mi gente.

Y el pasado viernes 8 de marzo tuvo lugar su presentación en la misma librería, en otra tarde llena de momentos entrañables, donde me sentí muy feliz de poder compartir el libro con mi gente querida.




 ¡Gracias a todos por compartir conmigo este maravilloso paseo entre las nubes!


lunes, 18 de febrero de 2013

Violetas silvestres



 

   

El abuelo Salvador siempre tenía caramelos de La Pajarita y de Violetas que compraba en las bombonerías de la Puerta del Sol y de la Plaza de Canalejas cuando iba a Madrid. Luego, la abuela María Rosa nos los daba a los nietos cuando íbamos a su casa. 

Me encantaba aquella ceremonia, seguir a la abuela, como a hurtadillas, para entrar en su dormitorio, tan recogido, tan limpio, tan en silencio y en penumbra. La abuela María Rosa abría entonces con la llavecita dorada el portón de madera del antiguo armario, sacaba los caramelos y me los daba. Por aquel entonces aquellos caramelos me parecían demasiado duros y no apreciaba tanto su sabor como el ritual para conseguirlos y lo bonitos que eran. Los de pajarita, de colores brillantes y rectangulares, demasiado grandes para la boca de una niña; y los de violeta, pequeñitos y con la forma de la flor. Los de violeta eran los que más me gustaban, la textura empalagosa, el intenso aroma que desprendían cuando los saboreabas. Me parecía que comía perfume, y me encantaba.

Hace más de veinticinco años que no pruebo esos caramelos, pero el sabor y el aroma se han quedado grabados en mi memoria con la misma dulzura que se ha quedado grabado el amor de mis abuelos. Y eso me hace pensar que el aroma de las flores encierra el mismo misterio que el de los recuerdos de infancia; son frágiles y profundos, a la vez que intensos y llenos de fuerza.

Por eso hoy quiero regalarle a mi abuelo un ramo de violetas silvestres que, como los caramelos que él nos regalaba, me recuerdan siempre a él.