jueves, 21 de noviembre de 2013

Limonero espléndido



Vive en un patio pequeño, pero a él no le importa, es feliz, colmado de frutos durante todo el año. Comparte espacio con un olivo, un rosal, aloes, plantas aromáticas y otros arbustos. Cuando te asomas, parece como si pequeños soles colgaran de sus ramas, brillando en todas direcciones. No puedes menos que sonreír cuando lo miras, es "la alegría de la huerta". Un limonero lunero en el pequeño patio de la casa de Elisa. Me emociona la generosidad exuberante de la naturaleza.


viernes, 18 de octubre de 2013

Campanas de boda


Os dejo la tarjeta de felicitación y el poema que pinté y escribí para felicitar a mi primo Salvador y a Macarena en el día de su boda, el pasado 12 de octubre ¡Felicidades, familia!


 

Habla la novia

Son muchos los jardines que nos quedan por ver florecer,
muchas las estrellas que nos quedan por contemplar,
caminos por recorrer,
mares que surcar,
montañas por explorar.

Habla el novio

Son muchas las canciones que nos quedan por escribir,
música para bailar y noticias que celebrar.
Muchos abrazos por darnos,
muchas noches con luna y sin luna para amarnos.

Habla la novia

Mensajes románticos,
desayunos de fin de semana,
risas y charlas, y silencios en calma.

Habla el novio

Y también vendrán los pájaros, esos muchos que soltaremos,
para verlos volar, para volar con ellos,
y con las cometas, y las nubes,
porque a veces volaremos.

Habla la novia

Y también puede que haya momentos en que no veamos las estrellas, o que la lluvia nos confunda la mirada borrosa, pero serán eso, solo momentos que pasarán con la fuerza de los corazones, con la confianza en el corazón del otro, para afianzar nuestro amor y la magia que hemos creado, que será más magia y nos abrirá cielos más amplios y tierras hermosas donde seguir caminando.

Habla el novio

Porque lo importante es que iremos juntos. A veces nos cogeremos de la mano, y otras simplemente iremos juntos, sintiendo la cercanía del otro que es lo más bello de este paso que hemos dado, con la alegría del alma, con el deseo sincero de querer compartir la vida juntos.

Hablan la novia y el novio

Nuestra suerte es inmensa, no es fácil encontrarse, nuestra suerte es inmensa.
Nos han dado alas para conocer el centro del universo.
Toma mi mano, extendamos las alas,
volemos pues, esto es solo el comienzo,
el bello principio de todo lo bello que nos queda por recorrer.







miércoles, 10 de abril de 2013

Las aventuras de Colibrí



Colibrí con sus ojitos cerrados soñando con su Diario de los Sentimientos. Va dejando nubes tras sus pasos. Sueña, Colibrí, sueña, para contármelo todo cuando estés despierta.



La pequeña Colibría, antes de nacer, en su nube.



Un día, la nube donde había crecido Colibrí se le quedó pequeña. Entonces se abrió, y tras llover unas cuantas gotas de plata, salió Colibrí.



Aún no le habían crecido las alas, y caminaba dando saltitos. A cada paso que daba, dejaba un rastro de nube en su camino. Lo primero que descubrió Colibrí fue el olor de las flores. Eso le hizo sentir bien.



Como era tan pequeña, Colibrí recordaba perfectamente para lo que había venido. Le quedaba tanto por aprender que no quiso perder un momento. Empezó así su camino de exploración por el mundo de los sentimientos. Y el primero con el que se encontró fue con la ALEGRÍA. "¡Estoy viva!".




El segundo sentimiento que reconoció Colibrí -y que estaba allí ya antes incluso de que ella llegase al interior de la nube- fue el AMOR. Se dio cuenta porque se encontró con "algo" más pequeño que ella. Y Colibrí se sintió inmensa y fuerte como siete océanos.



Gracias a lo grande y fuerte que se sentía Colibrí con su AMOR, pudo atender y cuidar a su pequeño amigo, que estaba malherido. Muy pronto, el pájaro estuvo curado y podía valerse por sí mismo otra vez.



El pequeño pájaro dio las gracias a Colibrí por haberle ayudado. Se despidieron y el pájaro se marchó volando. Entonces, Colibrí descubrió un nuevo sentimiento: la tristeza. Y también se dio cuenta de otra cosa... ¿cómo podía ser que pudiese sentir a la vez dos sentimientos tan diferentes? Estaba contenta porque su amigo era libre de nuevo, y a la vez se sentía triste porque a lo mejor ya no lo volvía a ver. Pues así era. Tan misterioso y apasionante era el mundo de los sentimientos.



Cuando Colibrí se cansó de llorar, sintió de nuevo un calorcito. Era el calor del Amor que allí estaba de nuevo en forma de recuerdo de su pequeño amigo. Entonces, Colibrí entendió que el corazón era como una habitación mágica que cuanto más se llenaba de amor, más amor cabía.



Ahora Colibrí ya había conocido la Alegría, el Amor, la Tristeza, de nuevo el Amor, la Alegría... Se preguntaba cuántos sentimientos le quedaban aún por descubrir cuando de pronto... ¡Estalló una Tormenta!



Y Colibrí sintió MIEDO!! El viento gemía entre los árboles. Colibrí escuchó que decían su nombre: Colibrííí, Colibrííí... Ojos brillantes acechaban por todas partes y Colibrí pensó en ¡Monstruos y Ogros temibles! Pobre Colibrí, estaba aterrada. Corrió de un lado a otro, sorteando las zarpas de los monstruos que querían atraparla. Finalmente halló una pequeña cueva y allí se metió para guarecerse.



Cuando amainó la Tormenta, Colibrí salió de su cueva. Entonces vio que los árboles estaban bellos y sonrientes después del chapuzón. Que los ojos brillantes que tanto le habían asustado pertenecían a una familia de zorros. Y que las zarpas no eran más que ramas de arbustos plagadas de frutos. "Qué extraño es el miedo -pensó- Qué fácil resulta confundirse y hacerlo grande si no lo miras con detenimiento".



Después de la tormenta siempre llega la calma. Y eso fue lo que sintió Colibrí: una inmensa calma. Se quedó allí quieta, atenta al tintineo de las últimas gotas de lluvia, al olor de la tierra mojada y alos latidos de su corazón. "Realmente no se necesita nada para estar en paz", pensó.




Pero como nada dura eternament en este mundo de las emociones siempre cambiantes, Colibrí empezó a sentir una extraña inquietud como si miles de mariposas revolotearan en su estómago. Colibrí aún no lo sabía pero esto se debía a una sencilla razón: se estaba haciendo mayor. "¿Por qué estaré tan inquieta?", se preguntaba. La respuesta le llegó al tiempo...




¡Me han salido alas!




"¡Puedo volar!" Colibrí estaba tan emocionada con su nuevo estado que, muy pronto, quiso probar todas las cosas nuevas que podía hacer...




Y también muy pronto, se llevó su primer batacazo. "¡Ay, madre, qué golpe!".




Le dolió tanto haber fallado que se lió a patadas con la montaña. Luego se dio cuenta que así no se le pasaba el enfado; más bien lo único que había conseguido era un tremendo dolor de pie. "Creo que probaré de otra forma".




 Así que lo intentó de nuevo una vez más...




Y otra... y otra... hasta que al fin...




 ¡Lo conseguí!




Ahora Colibrí ya podía volar. ¡Se sintió LIBRE!





A mi abuela María Rosa que, de pequeña, me llamaba Colibrí; 
y a mi abuela María Antonia, que era otro Colibrí.









viernes, 5 de abril de 2013

Cubo celeste o universo paralelo

 

Tiene cuencos de agua repartidos por toda la casa, pero su preferido es el cubo celeste del baño. Siempre va allí a beber, al cubo donde se recicla el agua que cae de la ducha mientras se regula la temperatura.

No sé qué tendrá ese cubo. Antes de beber, se queda clavada ante la superficie del agua y mira fijamente a lo más profundo. Supongo que se pueden ver muchas cosas reflejadas en las profundidades de un cubo celeste. O que se abre un portal a otros mundos. Al menos, eso es lo que parece cuando coincide con su amigo el Caballito de Mar, el que vive en la alfombrilla del baño y que siempre está riendo.

¡La de historias que se cuentan! Una vez les oí sin querer. Cruzaba yo por el pasillo cuando escuché al Hipocampo hablando sobre una carrera en el fondo del mar en la que disfrutó como un equino enano galopando entre las olas. Selva le escuchó con atención, luego le habló ella sobre lo que se ve a través de la ventana del baño. Y es que el caballo de agua, por mucho que se alce sobre su cola, solo alcanza a vislumbrar un trocito de cielo azul. Azul celeste, como el cubo que les une.

Selva le cuenta sobre el jazmín que ha empezado a brotar en la fachada de la esquina, de la copa del ciprés de la casa de enfrente donde el mirlo hace su parada de rigor, de cómo cambiar el color del mar cada día, de si le acaricia la lluvia o si se refleja poco o mucho el sol sobre su superficie. Allí los dejé a lo suyo, y me retiré sin hacer ruido, como un testigo involuntario y silencioso que se ve intimidado ante la intimidad de otros.



viernes, 22 de marzo de 2013

Bienvenida, Primavera


Con los brazos abiertos te recibo, ante ti me inclino y te saludo de corazón.

Pueda el mundo acompañarte como mereces, 
viendo con claridad la belleza de la que nos rodeas 
y la que surge a cada instante en el interior.

Bienvenida, Primavera, que tengas un dulce despertar,
 entra, pasa, quédate a desayunar.



domingo, 10 de marzo de 2013

Un paseo entre las nubes


Cuentos que trajo el viento vio la luz por primera vez en la ciudad de Santiago de Chile, en mayo del 2012. El viento se llevó estos cuentos al otro lado del Atlántico, y el viento los trajo de vuelta en forma de libro, en esta preciosa edición publicada por la editorial chilena MN.



Tuvo que pasar todo un verano y un otoño para que los libros llegaran al litoral malagueño.Por fin llegaron para Navidad, justo a tiempo para compartirlo con mi familia y amigos antes de que finalizase el año en el que fue publicado. 

El 27 de diciembre fue el día en el que el libro echó a volar por los cielos del sur, en una tarde de firma celebrada en la librería Luces de Málaga; donde el libro fue acogido con todo el cariño de mi gente.

Y el pasado viernes 8 de marzo tuvo lugar su presentación en la misma librería, en otra tarde llena de momentos entrañables, donde me sentí muy feliz de poder compartir el libro con mi gente querida.




 ¡Gracias a todos por compartir conmigo este maravilloso paseo entre las nubes!


lunes, 18 de febrero de 2013

Violetas silvestres



 

   

El abuelo Salvador siempre tenía caramelos de La Pajarita y de Violetas que compraba en las bombonerías de la Puerta del Sol y de la Plaza de Canalejas cuando iba a Madrid. Luego, la abuela María Rosa nos los daba a los nietos cuando íbamos a su casa. 

Me encantaba aquella ceremonia, seguir a la abuela, como a hurtadillas, para entrar en su dormitorio, tan recogido, tan limpio, tan en silencio y en penumbra. La abuela María Rosa abría entonces con la llavecita dorada el portón de madera del antiguo armario, sacaba los caramelos y me los daba. Por aquel entonces aquellos caramelos me parecían demasiado duros y no apreciaba tanto su sabor como el ritual para conseguirlos y lo bonitos que eran. Los de pajarita, de colores brillantes y rectangulares, demasiado grandes para la boca de una niña; y los de violeta, pequeñitos y con la forma de la flor. Los de violeta eran los que más me gustaban, la textura empalagosa, el intenso aroma que desprendían cuando los saboreabas. Me parecía que comía perfume, y me encantaba.

Hace más de veinticinco años que no pruebo esos caramelos, pero el sabor y el aroma se han quedado grabados en mi memoria con la misma dulzura que se ha quedado grabado el amor de mis abuelos. Y eso me hace pensar que el aroma de las flores encierra el mismo misterio que el de los recuerdos de infancia; son frágiles y profundos, a la vez que intensos y llenos de fuerza.

Por eso hoy quiero regalarle a mi abuelo un ramo de violetas silvestres que, como los caramelos que él nos regalaba, me recuerdan siempre a él.

martes, 29 de enero de 2013

Un cálido invierno




Esta es la primera acuarela que hice de Selva. Encontrármela echa un ovillo sobre la pila de cuadrantes con la ropa de verano recién guardada me pareció una imagen irresistible.

Adónde irían las largas tardes rosáceas, los amaneceres naranjas, el olor a salitre y sal, las noches claras de salamanquesas trepando por los muros, el fresco parterre bajo la sombra de las glicinias, los pies descalzos y el tazón de gazpacho entre las manos, los nidos de mirlos, las bolas de papel rodando entre la hierba.

Dormitando sobre una montaña de vivencias estivales, diciendo adiós a su primer verano en casa. Preparando el corazón, para calentar con toda su dulzura, la llegada del invierno. Y en eso estamos ahora.

lunes, 21 de enero de 2013

Salamanquesa Amiga



  Fue una gran conquista. Hacerse amiga del miedo, por pequeño que éste sea, siempre es una gran conquista. Mi amiga Iris me ayudó. Yo no quería dormir en una habitación donde había una salamanquesa. ¿Y si en mitad de la noche me despertaba sobresaltada porque había caído sobre mi cara desde el techo? O lo que era peor, ¿y si la aplastaba al moverme y amanecía junto a un cuerpo yacente y espachurrado? Yo quería cazarla sin dañarla, sacarla de la habitación. 

Fue Iris la que me hizo entrar en razón. “Piensa que tú solo estás de paso, pero que ella vive ahí todo el año. Tú eres su invitada, y no va a hacerte nada”. El miedo se escabulló de mi cuerpo y se escapó por el ventanuco. Entonces me metí entre las sábanas, bajo el peso de las mantas. Me quedé mirando a la anfitriona de aquella habitación que, inmóvil junto al calor del radiador, también me miraba. Con solo estirar la mano hubiese podido tocarla. Pero no lo hice, me limité a sonreír. Me sentí bien recibida, le dije buenas noches y le di las gracias. Luego apagué la luz y cerré los ojos confiada. 

Así fue como una salamanquesa se convirtió en amiga  y veló por mis sueños aquella noche, en una habitación que es una buhardillada en lo alto de una montaña.