lunes, 7 de junio de 2021

Generación Greta

 

Visionar el pasado 5 de junio con motivo de la celebración del día del Medioambiente el documental “Generación Greta” que emitió Documentos TV, renovó mis esperanzas en el ser humano. Más concretamente, las nueve jóvenes, activistas medioambientales, que aparecen en el documental y que luchan por su futuro y el de todos nosotros renovaron mis esperanzas en el ser humano.


La Generación Greta surge en el verano del 2018 cuando la joven sueca Greta Thunberg (más bien adolescente por entonces, 15 años) comienza una huelga escolar frente al parlamento de su país por el cambio climático. La valentía, el arrojo y la hiperclaridad de esta joven para manifestar la urgencia de la crisis climática frente a dignatarios políticos de todo el mundo provocaron un movimiento en cadena al que se sumaron millones de jóvenes y adolescentes de todas partes del planeta. Fue el denominado "Fridays for Future", un fenómeno de activismo estudiantil tan inspirador y efectivo que recibió el premio Campeones de la Tierra de la ONU en el 2019. Desde entonces hasta hoy el fenómeno sigue activo; y seguramente los veremos resurgir con fuerza una vez estabilizada la pandemia por Covid.

 

Van con la verdad por delante, de forma directa y sin tapujos, piden acciones inmediatas, no les sirven las excusas. Escuchan a los científicos y se toman sus investigaciones muy en serio. Son cooperativistas. Entienden que para conseguir superar la crisis climática actual todas las partes han de implicarse y colaborar, desde el ciudadano de a pie al último empresario y político. Mantienen buenas relaciones y trabajan conjuntamente con organizaciones ecologistas, tanto las de primer orden como Greenpeace o Ecologistas en Acción hasta movimientos verdes de alcance más comunitario y local. Conocen la manipulación del lenguaje engañoso político y saben que la crisis actual es el resultado del capitalismo despiadado, la avaricia de empresarios y gobernantes y la falta de concienciación ciudadana. También saben de la fuerza de la educación para impulsar el cambio en las costumbres de cada hogar y por eso exigen la verdad en la información que nos venden y piden que nos dejen de engañar. Utilizan las redes sociales como aliadas para denunciar la injusticia, mostrar la verdad, divulgar y concienciar. Están agitando conciencias, haciendo tambalear las bases del sistema, cambiando leyes, llevando a cabo la nueva revolución, tan esperada como necesaria.

Está claro que no pertenezco a la generación Greta por fecha de nacimiento (la componen jóvenes menores de 25 años), pero sí me reconozco en ella por compartir sus principios y amor al planeta. Tienen todo mi apoyo, y les doy las gracias por estar empleando la energía de la juventud en un cambio a mejor para todos. Y a la vez, les pido disculpas por no haber empezado antes, en generaciones precedentes, en mi propia generación, la lucha que ellos han tenido que iniciar. Ya fuera por desinformación o por acomodamiento social no supimos ver la urgencia de lo que ya entonces era urgente. Pero ahora me uno a vuestra causa, que es la mía desde hace años y que no he sabido gritar como vosotros, y os doy las gracias por ser la voz de la renovación y la esperanza.

Votaría mil y una veces antes a cualquiera de las jóvenes que aparecen en el documental para que gobernase mi país que a cualquiera de los políticos actuales que nos representan, ya que todos ellos muestran una clara inacción e ineptitud en lo que a solución de problemas medioambientales se refiere.

Solo un detalle. Y para ello nada mejor que transcribir las palabras de Melati, la joven balinesa de 19 años que aparece en el documental reseñado:

“Entonces, ¿cuáles son esas barreras tan insuperables que hacen que las empresas no puedan cambiar? He aprendido mucho sobre los diferentes niveles que tiene la burocracia, sobre lo complejo que es el sistema. En los encuentros con políticos, me dicen cosas como:

“¡Si yo estoy de acuerdo contigo, pero es que es demasiado difícil!”.

Yo les digo: “Explíqueme por qué es tan difícil”, y me enumeran todas las trabas legales que han creado para ponerlo todo súper difícil. La manera de pensar de los políticos tiene que cambiar por completo, y eso solo se puede conseguir con un relevo generacional”.

Estas son las palabras de Melati. Se puede decir más alto, no más claro. 

Las leyes y entramados burocráticos que los propios políticos y el sistema han diseñado impiden el cambio para salvar al medioambiente y al planeta. Impiden el cambio para salvarnos. Leyes y normativas centradas en intereses propios y económicos más que en intereses humanos y medioambientales. Frenar la deforestación y el uso de energías fósiles por citar dos claros exponentes de la crisis climática se ha convertido en una tarea ineludible que los políticos siguen enfrentando con palabras vacías, papel mojado y poquísima acción. Esto se dice de las energías fósiles: capacidad energética elevada a un coste mínimo. Claro que se refieren a un coste mínimo económico, porque el coste en vidas ya vemos que está siendo cada vez más elevado. 

Hemos llegado al punto sin retorno. Hay que seguir la iniciativa de estos jóvenes y pasar a la acción inmediata. Poner todas las energías en planificar y ejecutar una transición verde, con nuevas salidas y reconversión profesional. Es lo que los sindicatos de trabajadores denominan transición justa. Según la consultoría Vivid Economics, los proyectos en energía renovables crearían 10 veces más empleos que los combustibles fósiles. Está claro que es beneficioso, no solo para la vida, sino para  impulsar la economía y combatir la pobreza. Entonces, ¿a qué se debe ese inmovilismo gubernamental, esta obsolescencia política? Nos toca a los mayores seguir el ejemplo de estos jóvenes y aunar fuerzas con ellos, presionar a los gobiernos, exigir nuestros derechos para que hablen menos y actúen más. Abordar la transición energética ya, empezar a implementar energías renovables, plantar árboles como locos, campañas y acciones encaminadas a reducir la huella de carbono, la de cada individuo, la de cada actividad o empresa.

El futuro es sostenible o no hay futuro. Es en resumidas cuentas lo que nos está diciendo la Generación Greta. Que no es otra cosa que lo que llevan años diciendo los científicos de todo el mundo a los que tan poco caso hacen nuestros gobernantes y a quienes estos jóvenes sitúan en primera línea del rescate planetario. Si por mí fuera, votaría ya por ese relevo generacional. Sin ninguna duda, a corazón abierto y con los ojos cerrados. Seguro que se les ocurrían mil maneras de desmontar ese engranaje burocrático y político para crear un nuevo sistema económico sostenible, centrado en procedimientos éticos y una forma de consumo y producción más justa para todos. Centrado en salvaguardar la vida del planeta y de la humanidad, que es decir lo mismo por mucho que algunos se empeñen en crear la dualidad entre ambos conceptos. 

La vida es la vida en cualquiera de sus manifestaciones. Formamos parte de una cadena unida y conectada entre sí por hilos invisibles (o más bien y como ya sabemos, por hilos muy visibles de tan evidentes que son). Si se destruye una parte de esos hilos, se destruye la cadena entera. Es lo que estamos viendo. Es lo que estos jóvenes no se cansan de advertirnos porque ya no queda tiempo. Y nosotros, los adultos, tan listos, tan de vuelta, los mayorcetes, ¿qué vamos a hacer? ¿Apoyarles, escucharles, tenerlos en cuenta, hacerles casos, dejar que sean los protagonistas del ahora para asegurarnos la supervivencia o hacer oídos sordos, darnos la vuelta, pensar que ya se cansarán de gritar y asistir a nuestra propia extinción?

Yo lo tengo claro, voy con la Generación Greta.

 

 

jueves, 25 de marzo de 2021

Bajar a Tierra

 

La tierra sostiene,

la tierra alimenta.

Los elementos en mí

puedo sentirlos desde la tierra.


¿Cómo voy a preferir

vivir en el aire?


No tengo alas,

son pies lo que tengo.

Invirtiendo el deseo de Frida,

son los pies lo que quiero.


Sentirme firme,

serena en tierra.

Con los brazos abiertos,

la cabeza alzada,

el corazón extendido

en todas las direcciones.




Si fuera posible

permanecer en ese estado un instante.

Si fuera posible mantenerlo

varios instantes seguidos,

respirar sin dejar huecos.


¿Por qué es tan difícil respirar hasta el final?

Llenarse de aire, retener, soltar, 

la nada, vuelta a empezar.


¿Por qué cuesta tanto vaciarse por completo?

Liberar, dejar ir, ver marchar.




¿Creemos que perderemos la vida

si nos quedamos por un momento

sin aire dentro?


¿Por qué ese pavor a soltar 

todo rastro de dióxido de carbono

y quedarse junto al silencio brutal

de ese vacío que se genera 

antes de volver a inspirar?


Un silencio que es calma,

espaciosidad.


¿Por qué no se busca más a menudo

si es para el bien de nuestro ser y

sus aspectos?


El aire me conecta con el cuerpo,

me conecta con la materia

que es tierra, que es vida.


Y desde ahí,

todo lo puedo.

De nuevo, el miedo.


Mejor mantener un poco de aire viciado dentro,

no vaya a ser que lo perdamos todo

al vaciarnos por completo.



Y a la vez,

la resistencia de llegar hasta el final,

de alcanzar la máxima capacidad de oxígeno

para transportarlo a cada célula,

a cada tejido.


Renovar el cuerpo,

purificar sus rincones.


¿Miedo a recibir vida?

¿Miedo a la plenitud,

a la satisfacción completa?

Tal vez.


A no tener nada de lo que quejarse,

a que surja otro yo al dejar de hacerlo.

Eso da miedo.


Otro yo desconocido

y sin explorar.


¿Por qué dará eso miedo y

nos atrae al mismo tiempo 

con la fuerza de un imán?


Como la gravedad de la tierra

que tira del cuerpo

nos atrae soltar ese yo insatisfecho.


Buscamos las herramientas para hacerlo,

nos resistimos cuando las encontramos,

de nuevo el vértigo.



Cambio,

impermanencia ,

infinitud,

es lo natural.


Para eso quiero los pies,

y la tierra,

para asentarme en ella

y dejarme ser.


Mostrar lo que soy

a cada momento,

un ser fluctuante.


Observar al miedo

para que no venza, 

sostenida en los brazos

de la madre de todos.


Para qué quiero alas

teniendo yo pies.


Anclarme en tierra

es lo que quiero.




lunes, 8 de marzo de 2021

Reservado el derecho de admisión

 

A todas las mujeres que han sufrido  

o sufren  violencia de género, 

con el deseo de que la vida les brinde la inspiración

 y la fuerza necesarias para liberarse de su prisión

 


He cerrado mi jardín para ti.

Renuncio a seguir siendo doliente testigo.




Ya no quiero ver más cómo pisas mis flores,

ni cómo lanzas piedras a los pájaros de mi jardín

y destrozas sus nidos.


Me he vestido con un traje de tulipanes amarillos

para confundirme con el sol

y que no me veas.




 

He vetado mi jardín para ti.

No dejaré que vuelvas a escupir sobre el agua de mi río,

ni que lo enturbies con tus suelas manchadas de lodo.

 

Lo he cerrado por siempre para ti,

para que dejes de tronchar las ramas de los árboles que me dan cobijo,

de arrancar las rosas de mi rosal,

solo porque no puedes refrenar tu impulso de deshojar sus pétalos.

 

No volverá a quebrarse en mi jardín

su silencio con tu ruido.




Por fin respiro a mil años luz de ti,

amparada por la distancia de las estrellas.


La luna es mi centinela,

se cubre de negro y me oculta

y me avisa si te acercas.

 

A partir de ahora,

ya nunca volverás a entrar en mi jardín,

queda reservado el derecho de admisión.